Dos ángeles (Bruno Ganz y Otto Sander) observan el mundo, en especial Berlín. No pueden cambiar la vida de los hombres ni darse a conocer; solo pueden darles ganas de vivir e intentar reconfortarlos en sus momentos de dolor. El deseo de formar parte de la vida mortal es tan grande en uno de ellos, que incluso está preparado para sacrificar su inmortalidad por él.
Además de ser una declaración de amor por la humanidad, la película supone un enfrentamiento con la realidad de la República Federal de Alemania de los años 1980 y con la historia de Alemania.