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La DIAN debe fortalecer y rediseñar el sistema tributario

La Dian necesita fortalecerse tecnológicamente y ampliar su planta de personal, como lo señaló el Informe de la Comisión de Expertos para la Equidad y la competitividad Tributaria.

Por Carlos Julio Díaz Lotero. Analista laboral ENS

En un foro sobre macroeconomía realizado el pasado 14 de marzo en Medellín, el presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), Sergio Clavijo Vergara, propuso al Gobierno acabar con la Dian, por los problemas institucionales,  tecnológicos y de contratación de los que adolece y que, según él, son las causas de su bajo recaudo.

El déficit estructural de las finanzas públicas de nuestro país se explica por el bajo recaudo tributario y las ineficiencias del gasto público. El bajo recaudo se origina, en primer lugar, en los exagerados beneficios tributarios  que tienen las empresas; y en segundo lugar, en la alta evasión y elusión tributaria que éstas le hacen al fisco nacional.

Mientras Colombia recauda en impuestos el 15.6% del PIB, los países de la Ocde recaudan el 34.3%, los de América Latina el 22.7% en promedio, los Estados Unidos el 26%, Japón el 32%, Argentina el 31.3%, Francia 47.4%. Alemania 40.2%, España 33.9% y Brasil 32.2%.  Por el lado del gasto, tenemos dos problemas: corrupción y captura especulativa del presupuesto público por parte del capital financiero.

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Los recursos que deja de percibir Hacienda Pública por la evasión y la elusión de las empresas, y por las gabelas tributarias que les ha dado el Estado, ascienden a unos $110 billones; y lo que se pierde por corrupción y saqueo especulativo del capital financiero se acera a los $100 billones. En suma, las finanzas públicas pierden anualmente unos $208 billones por estas dos razones, según se muestra en el cuadro que sigue;

Evasión renta e IVA$30
Beneficios tributarios$80
Corrupción$50
Servicio de la deuda$48
Total$208
Cifras en Billones de pesos 

Para resolver el problema de evasión y elusión, la Dian necesita fortalecerse tecnológicamente y ampliar su planta de personal, como lo señaló el Informe de la Comisión de Expertos para la Equidad y la competitividad Tributaria.

Hoy la planta de personal de la Dian la conforman 10 mil funcionarios, pero deberían ser por lo menos unos 17.000. Y adicionalmente, se debe garantizar un régimen especial de carrera administrativa para dar estabilidad laboral y mejorar las remuneraciones de ese personal. Este mayor gasto redundará en ingresos fiscales muy superiores, por la mayor eficacia que tendrá la política anti evasión.

También se necesita rediseñar las normas sobre procedimientos y sanciones, a fin de que sean más sencillas y transparentes. Y darle mayor autonomía a la entidad para que pueda salir del juego de los intereses politiqueros de cada gobierno.

Por otra parte, la Dian debe cumplir los acuerdos firmados con los sindicatos sobre ampliación de plantas y el rediseño de la estructura administrativa, para que sea menos jerarquizada; acuerdos que hasta el momento las administraciones de la Dian han cumplido parcialmente

La Dian tiene un límite en el crecimiento del recaudo, que no va más allá de un control a la evasión y la  elusión. Los $80 billones que se pierden por las exenciones y deducciones tributarias, más los $50 que se pierden por corrupción en el gasto público, requieren otras políticas y medidas.

Por lo menos necesitamos de entrada rediseñar el sistema tributario para ajustarlo al  Artículo 363 de la Constitución, el cual señala que el sistema tributario se fundamenta en los principios de “equidad, eficiencia y progresividad”.  Es decir, que en la tributación deben tener más peso los impuestos directos, que son progresivos, como el de renta; y menos los impuestos indirectos, como el IVA y el de consumo, que son regresivos.

Se debe establecer una tarifa de renta progresiva, es decir que crezca en la medida que crecen las utilidades, y eliminar los exagerados beneficios, como una manera de cerrar la brecha entre la tarifa nominal con la que realmente pagan las empresas.

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El tema de corrupción tiene relación con la calidad de la participación política de la ciudadanía, que debe elegir en los cargos de gobierno y de los cuerpos colegiados políticos que se comprometan con programas sociales y de desarrollo económico, que garanticen Trabajo Decente. Hoy existe una oportunidad para que nuestro voto sea responsable, ético y programático.

El Señor Clavijo, representante de la Anif, en vez de buscar el ahogado río arriba, debería estar haciendo campaña entre sus agremiaciones afiliadas para que paguen los impuestos que deben pagar, y que no sean partícipes de la corrupción pública. Como en el sonado caso Odebrecht, en el que se encuentra inmerso el grupo financiero AVAL, el más grande del país.

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